Hay niños que hablan poco. Otros hablan bastante, pero les cuesta construir frases, comprender instrucciones, contar lo que ocurrió o encontrar las palabras que necesitan.
Algunos reciben durante años explicaciones como: “Es tímido.” “Está distraído.” “Es flojo para hablar.” “Ya se pondrá al día.”
Y en algunos casos, detrás de esas dificultades existe un Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL).
¿Qué es el TDL?
El TDL es una dificultad persistente en el desarrollo y uso del lenguaje que puede afectar diferentes habilidades. No todos los niños presentan el mismo perfil.
En algunos puede observarse principalmente en la expresión: les cuesta encontrar palabras, construir oraciones o explicar una idea. En otros, también puede afectar la comprensión: seguir instrucciones, entender frases complejas, interpretar preguntas o mantener el hilo de una explicación.
También pueden aparecer dificultades para:
- aprender y utilizar vocabulario;
- construir oraciones gramaticalmente completas;
- narrar experiencias de manera organizada;
- comprender información verbal extensa;
- aprender contenidos escolares que dependen mucho del lenguaje;
- participar en conversaciones complejas.
Por eso, el TDL no puede reducirse a “hablar tarde”.
Puede pasar desapercibido
Una de las razones por las que resulta difícil identificarlo es que el niño puede parecer capaz en muchas otras áreas. Puede jugar, correr, resolver problemas, utilizar tecnología, tener intereses definidos y desenvolverse con autonomía. Sin embargo, cuando aumenta la demanda lingüística, las dificultades empiezan a hacerse más visibles.
Por ejemplo, un niño puede comprender una indicación sencilla: “Guarda el cuaderno.”
Pero tener dificultades cuando escucha: “Cuando termines de copiar la fecha, guarda el cuaderno, saque el libro de Español y busque la página que vimos ayer.”
Desde fuera podría parecer que “no pone atención”. Pero atención y comprensión del lenguaje no son exactamente lo mismo.
Antes de concluir que un niño no escucha, no obedece o no se concentra, conviene preguntarse también:
¿Comprendió realmente toda la información que recibió?
“Ya hablará” no siempre es suficiente
Es cierto que existe variabilidad en el desarrollo del lenguaje y que algunos niños que comienzan a hablar más tarde progresan favorablemente. Por eso, hablar tarde no equivale automáticamente a tener TDL. Pero tampoco podemos saber solamente observando el número de palabras que utiliza.
Una evaluación considera muchos otros aspectos: comprensión, vocabulario, estructura de las frases, uso del lenguaje, antecedentes del desarrollo, audición, funcionamiento cotidiano y evolución a través del tiempo. El propósito no es poner una etiqueta rápidamente. Es responder una pregunta mucho más útil:
¿Estamos frente a una variación del desarrollo o existe una dificultad que necesita apoyo?
El lenguaje está presente en casi todo el aprendizaje
En la escuela utilizamos lenguaje para seguir instrucciones, comprender explicaciones, aprender vocabulario nuevo, leer, escribir, responder preguntas, explicar procedimientos y relacionarnos con otros. Por eso, una dificultad lingüística puede aparecer de maneras que no parecen, inicialmente, “problemas de lenguaje”.
Un niño puede:
- tardar mucho en completar actividades;
- olvidar partes de una instrucción;
- responder algo diferente de lo que se preguntó;
- tener dificultades para contar una historia;
- evitar participar;
- frustrarse frente a tareas verbales;
- tener problemas para explicar un conflicto con otro niño.
La conducta, sin embargo, no permite diagnosticar por sí sola una dificultad del lenguaje.
Una rabieta puede tener muchas causas. Una dificultad académica también. La importancia de mirar el lenguaje está precisamente en no asumir una explicación antes de evaluar las diferentes piezas.
El TDL no significa falta de capacidad
Tener dificultades con el lenguaje no significa que un niño no tenga ideas, curiosidad o capacidad para aprender.
A veces existe una diferencia importante entre lo que sabe y lo que consigue expresar mediante palabras.
Imagine saber la respuesta, pero no encontrar cómo explicarla.
Comprender una historia, pero no lograr contarla de manera ordenada.
Querer participar en una conversación, pero necesitar más tiempo para procesar lo que otros están diciendo.
Esa diferencia puede generar frustración y también afectar cómo otros interpretan al niño.
Por eso, comprender su perfil lingüístico puede cambiar no solamente la intervención clínica, sino también las expectativas y apoyos que recibe en casa y en la escuela.
¿Y si el niño habla dos idiomas?
Aprender más de una lengua no causa TDL.
En un niño bilingüe, la evaluación necesita considerar cuidadosamente su exposición y experiencia con cada idioma.
No es correcto evaluar sus habilidades como si toda su experiencia lingüística hubiera ocurrido en una sola lengua.
Cuando existe una dificultad del desarrollo del lenguaje, esperamos encontrar evidencia de dificultades más allá de las diferencias normales propias del aprendizaje bilingüe. El análisis, por tanto, debe hacerse considerando ambos idiomas y su historia de exposición, no utilizando un único indicador aislado.
¿Cuándo vale la pena consultar?
No necesita esperar hasta tener certeza.
Puede solicitar orientación cuando observa dificultades persistentes para comprender, expresarse, construir frases, narrar, aprender vocabulario o utilizar el lenguaje de acuerdo con las demandas de su edad. También cuando la escuela expresa preocupaciones relacionadas con comprensión, participación o aprendizaje.
Una evaluación no debería empezar intentando demostrar que el niño “tiene TDL”.
Debería empezar intentando comprender cómo funciona su lenguaje. A partir de allí podemos determinar qué necesita.
Identificar una dificultad no cambia quién es el niño. Cambia la información con la que podemos acompañarlo.
¿Tiene dudas sobre el desarrollo del lenguaje de su hijo?
Podemos comenzar por conocer su historia y lo que están observando en casa y en la escuela.
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